Es hora de poner fin a los crímenes homofóbicos en América
Latina y el Caribe
Por la Dra. Mirta Roses Periago, Directora de la Organización
Panamericana de la Salud
La celebración del Día Mundial del Sida el 1 de diciembre del 2005
fue, como de costumbre, un acto solemne más que una celebración.
De nuevo transcurrió otro año en el que se perdieron millones de
vidas debido a esta epidemia implacable.
Sin embargo, en el 2005 hubo un motivo más de tristeza: el
asesinato, en la víspera del Día Mundial del Sida, del jamaiquino
Steve Harvey, un conocido activista de la lucha contra esta
enfermedad.
Durante más de una década, Harvey se desempeñó como un actor
destacado de las actividades relacionadas con la respuesta frente
al VIH y en defensa de los derechos humanos. Su muerte causó una
profunda conmoción y constituye una pérdida no solo en Jamaica y
el Caribe sino en todo el mundo. Harvey trabajaba para la
organización no gubernamental Jamaica AIDS Support for Life, que
proporciona asesoramiento y asistencia a los hombres homosexuales
y trabajadores del sexo de Kingston, la capital.
Por desgracia, es posible que el asesinato de Harvey no haya sido
un hecho aislado. En 2004 el fundador del movimiento de defensa de
los derechos de los homosexuales en Jamaica también fue asesinado;
y en junio del 2005, el psicólogo y conocido activista en favor de
los derechos humanos y la causa de los homosexuales, Octavio Acuña
Rubio, fue ultimado a puñaladas en su oficina de Querétaro, en
México.
Según un informe de una organización no gubernamental distribuido
por el gobierno de Brasil, 2.092 hombres y mujeres homosexuales
fueron asesinados en ese país entre 1963 y el 2001.
Las investigaciones de estos asesinatos no han proporcionado
pruebas que indiquen que se trata de crímenes motivados por el
odio. Cabe la posibilidad de que algunos de estos activistas hayan
sido víctimas de la violencia indiscriminada que se vive en muchos
países de América Latina y el Caribe; sin embargo, sabemos que el
rechazo a la homosexualidad es generalizado en esta región, y que
no se ha hecho lo suficiente para abordarla.
¿Por qué este tipo de crímenes le preocupan a la Organización
Panamericana de la Salud? Porque desde que se fundó hace 102 años,
en la OPS hemos alzado la voz siempre que se ha presentado alguna
amenaza a la Región de las Américas. Hemos ayudado a los países de
las Américas a eliminar la viruela, la poliomielitis y el
sarampión; a combatir la malaria, el cólera y el VIH/sida; y,
últimamente, a que se preparen para una posible pandemia de
influenza.
El odio contra los hombres homosexuales hoy día no solo constituye
una amenaza contra los derechos humanos (el derecho a elegir la
orientación sexual), sino también un atentado contra la vida
misma. Se sabe que la homofobia contribuye a la propagación del
VIH y que el temor a la estigmatización suele disuadir a los
hombres homosexuales a que soliciten pruebas de detección del VIH,
consejería y tratamiento. En consecuencia, este odio y este
rechazo disminuyen la probabilidad de que los afectados tomen
medidas de protección contra el virus para sí mismos y para otros.
Esta es precisamente la situación que los activistas mencionados
trataban de cambiar.
Pero con todo, también hay buenas noticias. Los gobiernos de
Brasil, México y Colombia lanzaron recientemente campañas
mediáticas contra la homofobia. En Argentina y Chile, este tema se
ha presentado en campañas con afiches y por televisión. El hecho
de que los mensajes hayan sido bien recibidos permite suponer que
actualmente el machismo latinoamericano sea más un estereotipo que
una irreversible manera de pensar y actuar.
No obstante, los asesinatos de los activistas de la lucha contra
el sida nos llevan a inferir que aún hay mucho por hacer. Los
gobiernos deben investigar a fondo las motivaciones de estos
crímenes y procesar a sus autores tal y como están haciendo en
este momento las autoridades jamaiquinas. Los países deben adoptar
o aplicar reformas legales y políticas para velar por que se
respeten los derechos humanos básicos de conformidad con los
compromisos que han establecido en tratados y acuerdos
internacionales.
A todos nos corresponde hacer algo para apoyar estos y otros
esfuerzos similares. Los invito a que todos los días, no solo el
Día Mundial del Sida, sigamos el ejemplo y honremos la memoria de
quienes dedicaron sus vidas a edificar un entorno propicio y no
discriminatorio para todos los habitantes de las Américas.
By Dr. Mirta Roses, Director, Pan American Health Organization
The observance of World AIDS Day on December 1 last year was, as
usual, more an act of solemnity than one of celebration. Once
again, another year had passed with millions of lives lost to this
unrelenting epidemic.
But last year there was an additional cause for sadness: the
murder—on the eve of World AIDS Day—of Jamaican HIV activist Steve
Harvey.
Harvey was a leading player in the response to HIV and in support
of human rights for more than a decade. His death came as a
profound shock and was a loss not only to the HIV movement in
Jamaica and the Caribbean but to the whole world. Harvey worked
for Jamaica AIDS Support for Life (JASL), a nongovernmental
organization that provides counseling and assistance to homosexual
men and sex workers in Kingston.
Unfortunately, Harvey’s murder may not been an isolated event. In
2004 the founder of the homosexual rights movement in Jamaica also
was murdered. In June 2005, Octavio Acuña Rubio, a psychologist
and well-known human rights and gay activist, was stabbed to death
in his office in Queretaro, Mexico. According to an NGO report
disseminated by the government of Brazil, 2092 homosexual men and
women were murdered in that country between 1963 and 2001.
The investigations of these murders do not provide evidence that
they were all hate crimes. It is possible that some of these
activists were victims of the pervasive, untargeted violence that
affects many countries of Latin America and the Caribbean. But we
know that homophobia is widespread in the region, and that not
enough has been done to address it.
Why should the Pan American Health Organization care about these
crimes? Because during our 102 years of existence, we have raised
our voice whenever there was a threat to the region. We have
helped the countries of the Americas eliminate smallpox, polio,
and measles; fight malaria, cholera, and HIV/AIDS; and—most
recently—prepare for a potential influenza pandemic.
Today, hatred against homosexual men is not only a threat to human
rights (the right to the sexual orientation of one’s choice), but
to life itself. We know that homophobia contributes to the spread
of HIV. Fear of being stigmatized often prevents homosexual men
from seeking HIV testing, counseling, and treatment, with the
result that they are less likely to adopt measures to protect
themselves and others from the virus. This situation was precisely
what these murdered activists were trying to change.
There is, however, some good news. The governments of Brazil,
Mexico, and Colombia recently launched mass media campaigns
against homophobia. In Argentina and Chile, this theme has been
featured in poster campaigns and on television. The messages were
well received, suggesting that Latin machismo may now be more a
stereotype than an irreversible mindset.
Yet the murders of HIV activists move us to reflect that much
remains to be done. Governments need to thoroughly investigate the
motives for these crimes and deal with their perpetrators, just as
Jamaican authorities are doing right now. Countries need to adopt
or enforce legal and policy reforms to ensure respect for basic
human rights as mandated by their commitments to international
treaties and agreements.
All of us have a role to play in support of these and similar
efforts. Let us make sure that every day—not just on World AIDS
Day—we follow the example of, and honor the memory of those who
dedicated their lives to building a supportive, nondiscriminatory
environment for all the people of the Americas.
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