Aborto y moral
La iglesia católica
prohíbe la masturbación y el onanismo (derramar
la simiente fuera del vaso sagrado de la mujer)
por una antigua ignorancia biológica: antes se
creía que en el semen había un hombrecito ya
formado (el homúnculo) y por lo tanto tirarlo al
suelo equivalía a asesinarlo.
por Héctor Abad Faciolince
elespectador.com
Estaba tan afianzado este prejuicio que
Leeuwenhoek —el gran afinador del microscopio—
declaró haber visto con sus ojos, a través de
sus lentes mejoradas, a un hombrecito en
miniatura escondido en el esperma. Esta “pérdida
de un ser humano” justificaba la prohibición de
la paja masculina. Pero como la mujer no emite
simiente alguna cuando se toca, ¿por qué no
permitir al menos la masturbación femenina, que
a nadie mata ni produce en la mujer ningún
efecto fuera del goce solitario? Esta pregunta
no ha recibido una buena respuesta.
La Iglesia Católica prohíbe la química (píldoras
y óvulos anticonceptivos) y la física (condones,
dispositivos intrauterinos) para prevenir el
embarazo. Admite solamente, y apenas en algunos
casos, la aritmética (el método del ritmo). El
sexo pierde su sentido sagrado, para ellos, si
no se dirige a la procreación.
En un embarazo ectópico el óvulo fecundado
empieza a crecer donde no es: en los ovarios o,
más frecuentemente, en las trompas de Falopio. A
las ocho semanas, si no se elimina química o
quirúrgicamente este “ser humano”, la trompa de
Falopio explota por la presión de las células
que crecen, y se producen hemorragias e
infecciones internas y hay peligro de muerte.
Antes de la medicina científica, las mujeres se
morían casi siempre en un embarazo ectópico.
Para un antiabortista coherente, como ese
embrión es una persona, el tratamiento abortivo
del embarazo ectópico debería estar prohibido y
castigado con la cárcel, pues desde su punto de
vista no es más que un asesinato.
Antes de 20 semanas de gestación un feto humano
no es viable. Puede vivir conectado a otro
cuerpo (el de la mujer) y no más. En rigor, es
una especie de parásito, y todos lo hemos sido.
Si la madre está de acuerdo con dar a luz, este
sacrificio es hermoso y se justifica plenamente.
Si no, es como si le conectaran a ella (por el
ombligo) la circulación de un enfermo de los
riñones para que le haga una diálisis humana
durante nueve meses. Nos dirían: si lo
desconectamos se muere: ¿pero tiene alguien
derecho a estar conectado a una mujer, puede
imponerle eso por defender su vida?
No es cierto que la Iglesia Católica defienda
siempre la vida. En el Catecismo aprobado por el
papa Juan Pablo II (y supervisado por Ratzinger)
se permite la pena de muerte. En el numeral 2266
se dice que la enseñanza tradicional de la
Iglesia no excluye el recurso a la pena de
muerte. Lo cual es una forma de permitir que la
autoridad pública mate seres humanos. En general
los antiabortistas furibundos son también
furibundos partidarios de la pena de muerte.
En la fecundación asistida (bebés probetas,
inseminación in vitro, tratamientos de
fertilidad) hay que escoger los mejores
embriones y descartar otros. En un óvulo
fecundado no hay una vida humana en potencia:
hay muchas. Un huevo se puede partir en dos, en
tres, en muchos. ¿Cuántas almas caben ahí? En
teoría en cualquier célula del cuerpo humano hay
material genético para crear una nueva vida.
Desde el punto de vista del antiabortista,
entonces, toda célula que matemos, así sea del
pelo o de los codos, sería eliminar un ser
humano en potencia.
El aborto no es un método deseable de control
natal. Es un procedimiento extremo de
emergencia. En todos los países europeos
desarrollados y en Estados Unidos está permitido
en casos mucho más amplios que los aprobados por
la Corte colombiana. Pero ya es algo muy
positivo que aquí se pueda hacer ese
procedimiento cuando hay violación, peligro para
la madre o malformación del feto. Es una
decisión sensata. La trinca del Procurador y sus
aliados nos quieren quitar este avance en el
camino de disminuir la infelicidad y las
tragedias de muchas mujeres. Si lo logran, lo
único que conseguirán es que aumente el
peligroso y mortal aborto clandestino.
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