La democracia que merecemos
Fuente: La Diaria
Lucy Garrido *
Durante muchos años, yo, como tantos miles de uruguayos y
uruguayas, dudaba si finalmente sería posible o no que
tuviéramos en el país un gobierno progresista. Esto es, un
gobierno para el cambio. Un gobierno que basado en el sistema
democrático, haría de la justicia social, la equidad y los
derechos humanos el motor que ampliara la libertad y la igualdad
de oportunidades “democratizando la democracia”.
Y fue posible. Tenemos un gobierno que ha avanzado en derechos
humanos, que apuesta en serio a sacar a miles de familias de la
pobreza y la marginalidad, que está reformando el sistema de
salud, aumentando el presupuesto de la educación e intentando
redistribuir los ingresos con mayor equidad. Nos lo merecíamos.
Después de décadas de lucha, de tantos muertos, desaparecidos,
presos, exiliados. Después de tantos ciudadanos A, B o C, tantos
destituídos, despedidos, censurados. Después de tanta marchita
militar y tantas huelgas, paros, asambleas, congresos,
manifestaciones. Después de tanto comité de base y discutir
programas y candidatos, después de tantas campañas en las que
perdimos, perdimos y perdimos, tenemos, finalmente, un gobierno
progresista.
Nos lo merecemos. Lo hicieron posible miles y miles de uruguayos
y uruguayas. Nuestro fue el sueño y la lucha. Es nuestro el
gobierno.
¿No merecemos nada más? La “democratización de la democracia”,
¿no implicaba también la ampliación de las libertades? ¿No
implica cumplir cabalmente con los principios de igualdad y no
discriminación? ¿No implica obediencia a las mayorías y respeto
a las minorías?
La canción que sonaba en cada acto del Frente Amplio decía
“Cambia, todo cambia…” y ha habido cambios. Pero desilusiona y
averguenza saber que como siempre, al igual que en los gobiernos
de derecha, haya cosas tan difíciles de cambiar: no cambia el
conservadurismo de gran parte de la clase política, no cambian
las “malas mañas” de algunos para negociar a escondidas de la
gente, no cambia la mezquindad de los calculistas (errados) de
votos. No cambia el ninguneo a la libertad, la igualdad y la no
discriminación hacia las mujeres.
Después de 23 años de democracia en los que fueron presentados
varios proyectos de ley que despenalizaban el aborto, ¿será que
las uruguayas nos merecemos seguir escuchando que nuestro
derecho a la salud, a la igualdad, a la libertad de decidir “no
son un tema prioritario”? ¿tampoco para los legisladores de la
izquierda que votamos? ¿el gobierno progresista por el que tanto
luchamos y del que también somos dueñas y responsables, va a
actuar igual que los anteriores?
Veto presidencial
Cuando el Presidente, como si fuera un rey (Frugoni decía que el
veto era un resabio monárquico), amenaza con vetar una ley antes
que se discuta y algunos Diputados dudan si obedecer el mandato
constitucional de legislar o acatar disciplinadamente la
coacción, estamos “democratizando la democracia”?
Según las iglesias, somos taradas
En los 70 años que van desde 1938 (cuando se penalizó el aborto
para que el gobierno de entonces contara con los votos de la
Unión Cívica en el presupuesto nacional) hasta hoy y si tomamos
un promedio de 33.000 abortos anuales, el resultado es que
2.310.000 uruguayas son consideradas criminales por la ley.
Ahora, gracias a la carta de los jefes de algunas iglesias
(porque sus feligreses piensan muy distinto a ellos) que apoyan
el veto presidencial, sabemos que además de criminales esas
2.310.000 uruguayas somos medio taradas porque carecemos “de la
condición fundamental del libre albedrío” por estar sometidas a
“fuertes presiones sicológicas, económicas, sociales, familiares
y culturales”. ¿Quiénes son estos señores varones, la mayoría
célibes (?), la mayoría sin hijos (?), y presionados
absolutamente por dogmas milenarios, para hablar del libre
albedrío de nadie? ¿Creen estos señores que las mujeres
necesitamos del tutelaje presidencial y eclesiástico porque no
somos capaces de resolver conflictos éticos?
¿Se puede ofender así la inteligencia de generaciones de
uruguayos y uruguayas nacidos en un país laico?
Estoy en contra de cualquier amenaza y en contra de cualquier
veto.
Para que toda la ciudadanía pueda expresarse, el proyecto de ley
de defensa de la salud sexual y reproductiva debe ser votado. De
esa manera, quienes estén en su contra deberán juntar las firmas
necesarias para convocar a un referéndum. Respeto la opinión
personal del Presidente y doy por descontado que su firma será
la primera en convocarlo. Mientras tanto, quiero creer que él
respetará a la ciudadanía y a los legisladores.
Esa es la democracia que merecemos.
* Lucy Garrido es integrante del colectivo Cotidiano Mujer y de
la Articulación Marcosur
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