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España
¿Está caducada la ley del aborto?
Los últimos escándalos relacionados con clínicas abortistas
revelan agujeros en la normativa - El PSOE se niega a aprobar un
sistema de plazos como prometió.
"El PP ha votado todas las veces en contra de la ampliación del
aborto. Tendremos que volver a ganar las elecciones para lograr
la seguridad de las mujeres y de los médicos que lo practican".
Amparo Rubiales, diputada socialista, pronunciaba estas palabras
en 1998.
M. C. BELAZA / M. R. SAHUQUILLO
17/12/2007
El PSOE acababa de perder por un solo voto -y porque varios
diputados, entre ellos Felipe González, no acudieron al
hemiciclo- una votación en el Congreso para ampliar los
supuestos de despenalización del aborto. Los socialistas
volvieron al poder en 2004 y las palabras de Rubiales cayeron en
saco roto. No ha habido modificación de la ley a pesar de que
fue una de las promesas electorales del partido ("reformaremos
la legislación sobre el derecho la interrupción voluntaria del
embarazo para adoptar un sistema de plazos" decía la página 100
de su programa). Tampoco se hará aunque Zapatero renueve su
mandato en 2008. En un giro al centro, los socialistas han
decidido sacar los temas más controvertidos -como el aborto o la
eutanasia- de su programa.
Mientras tanto, estos días las clínicas de interrupción de
embarazos han inundado las primeras páginas de los periódicos.
En Barcelona, un médico está en prisión preventiva junto con dos
de sus estrechos colaboradores. Se les acusa de delito de
aborto, asociación ilícita, intrusismo y falsedad documental.
Los investigadores de la Guardia Civil aseguran que practicaban
abortos ilegales a mujeres en avanzado estado de gestación. En
Madrid, dos clínicas han sido suspendidas por supuestas
irregularidades y algunas trabajadoras de los centros han
sufrido agresiones en la calle y amenazas de muerte. El caso de
Barcelona está bajo investigación judicial, por lo que habrá que
esperar para ver si se vulneraba la ley. En la Comunidad de
Madrid, gobernada por el Partido Popular, las clínicas hablan de
una auténtica "caza de brujas". Una representación de casi
centenar de clínicas que existen en España mantendrán hoy una
reunión para debatir su situación.
En la opinión pública está empezando a cobrar fuerza la idea de
que las clínicas no cumplen la ley y que los abortos de fetos de
seis y siete meses se llevan a cabo cada día. Los datos del
Ministerio de Sanidad indican lo contrario: el 88% de las
interrupciones se producen durante los tres primeros meses de
gestación y sólo el 2% son de embarazos de más de 21 semanas.
Pero hay otras cuestiones que no están claras. ¿Qué ocurre en
España 22 años después de la despenalización del aborto? ¿Esta
antigua ley, dictada en los primeros años de democracia, sigue
sirviendo para regular la situación o ha quedado obsoleta?
Aunque el PSOE ha renunciado a reformarla, el propio ministro de
Justicia afirmó el miércoles en el Congreso que no podía "estar
más de acuerdo" en que era necesario modificar la ley. Pero
Mariano Fernández Bermejo matizó de inmediato sus palabras. Dijo
que, para cambiar la norma debía haber consenso entre los grupos
parlamentarios. Dado que el PP está explícitamente en contra de
cualquier ampliación de los supuestos de aborto, hablar de
"consenso" equivale a admitir que no se va a hacer nada.
En España el aborto es un delito salvo en tres supuestos:
violación denunciada, "graves taras físicas o psíquicas del
feto" -previo dictamen de dos especialistas- y "grave peligro
para la vida o para la salud física o psíquica de la madre" -
con el informe de un médico-. Los facultativos que emiten los
dictámenes deben ser distintos al que practica el aborto. En la
violación y la malformación fetal hay plazos: 12 semanas para el
primer supuesto y 22 para el segundo. No hay limitación
temporal, sin embargo, para la indicación de grave riesgo para
la salud física o psíquica.
La cuestión de los plazos está provocando algunas situaciones
absurdas. Las malformaciones fetales no siempre se detectan en
las primeras 22 semanas de gestación, así que, si a una
embarazada le descubren con seis meses que el feto tiene una
grave dolencia cardiaca que le provocará la muerte, no puede
abortar. El Estado le obliga a llevar a término un embarazo
traumático en el que la mujer sabe, con absoluta seguridad, que
el recién nacido morirá. ¿Qué ocurre en la práctica? Que los
médicos aplican la indicación del grave peligro para la salud
psíquica de la gestante para poder llevar a cabo el aborto. Es
uno de los agujeros de la ley. Estas situaciones se dan. Las
ecografías no son infalibles y a veces los médicos tardan en
percibir las anomalías.
Pero el aspecto más polémico de la ley es, sin duda, la
indicación del "grave peligro para la salud física o psíquica"
de la madre, la que más abortos ampara (el 96,6% según los datos
de 2005, el último con cifras oficiales). ¿Cuándo se entiende
que hay "grave riesgo"? Caben todas las interpretaciones. Esto
provoca inseguridad tanto en las mujeres que abortan como en los
médicos que hacen la intervención. ¿Es necesario que el embarazo
provoque un trastorno mental muy grave para que sea lícita su
interrupción o basta con que genere desasosiego vital? Ni
siquiera los tribunales se ponen de acuerdo, y hay decisiones en
distintos sentidos. Un dato que prueba esta ambigüedad: en
Portugal existía la misma indicación, pero no se practicaban
abortos. Muchas portuguesas a quienes en su país no apreciaban
"grave peligro para la salud psíquica" acudían a España a
abortar, donde sí entraban dentro del supuesto. Portugal aplicó
durante años de forma extremadamente rígida su legislación sobre
el aborto y los médicos se negaban a practicarlo. Este año la
situación ha cambiado. Como en la mayoría de los países
europeos, Portugal tiene ya una ley de plazos.
"Las mujeres y los médicos tienen que saber a qué atenerse",
opina Justa Montero, de la Asamblea Feminista. "No puede ser que
tengan miedo porque la ley no es clara y porque en cualquier
momento pueden quedar indefensos ante ofensivas como las que en
estos días están llevando a cabo los sectores contrarios al
aborto". Montero habla también de la criminalización de las
clínicas: "Lo que está ocurriendo es el colmo de la hipocresía.
Estos centros son los únicos que permiten que en España las
mujeres puedan ejercer este derecho. Si los poderes públicos
realmente están tan preocupados por la salud de las mujeres,
deberían garantizar este derecho en los hospitales públicos en
lugar de lavarse las manos y dejar que sean otros los que hagan
el trabajo que ellos no quieren hacer".
Este es otro de los problemas. La sanidad pública no realiza en
sus centros ni el 3% de los abortos a pesar de que es uno de los
servicios incluidos en la cartera de prestaciones. En seis
comunidades los hospitales públicos no los practican, sea cual
sea la indicación que alega la mujer. La justificación es una
supuesta objeción de conciencia de los profesionales sanitarios
que no se ve amparada por cifras. No existe ningún registro de
objetores y numerosos ginecólogos han manifestado que no
tendrían ningún problema en interrumpir embarazos.
La ambigüedad de la ley y la posibilidad de interpretar de muy
diversas formas el supuesto del "grave peligro para la salud
física o psíquica de la madre" suponen también un obstáculo para
que los médicos en la sanidad pública se hagan cargo de los
abortos. Si todas las clínicas privadas decidieran dejar de
practicar abortos, como amenazaron la semana pasada por el
"trato mediático recibido", "el silencio de los políticos" y "la
presión de los grupos católicos", según explicó el portavoz de
una asociación, el Estado se encontraría con un grave problema.
Para las clínicas no siempre es fácil hacer su trabajo. El
aborto sigue siendo tabú 22 años después de su despenalización
en España. Pintadas que simulan sangre a las puertas de las
clínicas, grupos religiosos rezando fuera del local,
manifestaciones e incluso agresiones verbales o físicas a
trabajadores. Muchos centros reciben cada semana a sus puertas a
gente que intenta convencer a las mujeres de que no entren. "Una
vez tuvimos a un grupo que formó una cruz con velas y se tiró el
día entero rezando a las puertas de la clínica", explica Luisa
Torres, portavoz de Dator, en Madrid, uno de los centros más
antiguos de España. Esto les llevó a instalar una puerta
alternativa para sacar a las mujeres cuando el ambiente fuera es
hostil.
Son muchas las voces que piden una modificación de la
legislación. "Es fundamental que se cambie por una ley de
plazos, la que hay en la mayoría de los países europeos. Lo
ideal sería hasta las 12 semanas. Y a partir de ahí, una ley de
indicaciones como la que tenemos ahora", sostiene Eva Rodríguez
Armario, presidenta de la Asociación de Clínicas Acreditadas
para la Interrupción Voluntaria del Embarazo (ACAI). A esta
entidad pertenecen 31 clínicas en toda España, 22 de las cuales
sólo pueden practicar abortos dentro del primer trimestre de
embarazo.
"No hay que temer dar libertad a las mujeres en el control de la
maternidad si eso se acompaña de una actuación completa en
materia de educación y acceso real a la anticoncepción. Así
podríamos avanzar hacia situaciones como la de Holanda, que
aunque tiene la ley menos restrictiva de Europa, tiene el número
más bajo de abortos voluntarios", asegura Rodríguez.
Las clínicas denuncian una persecución organizada. Sobre todo
las que están en comunidades gobernadas por el PP, Madrid por
caso. "Hemos detectado un aumento muy significativo de las
inspecciones este año", asegura una portavoz de ACAI. Y
especialmente en Madrid. "Hemos tenido cinco este año mientras
que el pasado sólo fueron dos", asegura una portavoz de la
clínica Dator de Madrid. En ninguna se encontraron
irregularidades. Lo mismo ha ocurrido en la clínica Isadora.
"Las clínicas se están convirtiendo en el chivo expiatorio de
una batalla política para hacerse con el electorado perdido de
la derecha más conservadora. Una batalla que está reavivando y
alentando los intereses de los grupos contrarios a la
consecución de los derechos sexuales y reproductivos de las
mujeres", aseguró el viernes ACAI en un comunicado, con motivo
de la suspensión de la actividad de interrupciones voluntarias
del embarazo en la clínica Mayrit. "La divulgación de datos no
demostrados, de filtraciones interesadas, o la utilización de
medios ilícitos que atentan contra la intimidad de las personas
para avalar posturas ideológicas contrarias al aborto, no sólo
desprestigian la labor de los profesionales que desde hace más
de veinte años cubren la demanda voluntaria y libre de miles de
mujeres sino que además vuelven a cuestionar la conquista de un
derecho sexual y reproductivo básico, reconocido
internacionalmente, retrotrayéndonos a situaciones vividas
veinte años atrás".
En la clínica Mayrit se dice lo mismo. La comunidad de Madrid
asegura que la actividad de la clínica "supone un riesgo
inminente y grave para la salud de las personas", después de que
en una inspección se hallaran informes clínicos firmados en
blanco por un psiquiatra y 15 historias de abortos supuestamente
irregulares. "Se ha hablado de historias clínicas con un cartel
que pone destruir, pero no es así. Eran historias clínicas de
mujeres que no abortaron y que, por la Ley de Protección de
Datos, tenemos obligación de destruir", asegura Diego Cazzaniga,
portavoz de la clínica madrileña.
La reforma de la actual ley del aborto parece imprescindible,
como ha reconocido el propio ministro de Justicia. Las
asociaciones de mujeres piden una norma más precisa que proteja
los derechos de las pacientes y de los médicos y que permita que
las intervenciones empiecen a realizarse de forma habitual en la
sanidad pública. Muchos colectivos piden también una ley de
educación sexual que frene el incesante aumento del número de
abortos. Ley que prometió el PSOE cuando estaba en la oposición
y que también ha olvidado.
En Europa, ley de plazos
La interrupción voluntaria del embarazo está despenalizada en la
mayoría de los países de la Unión Europea. Muchos tienen una ley
de plazos. Es el caso de Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca,
Francia, Portugal, Grecia, Bulgaria, Eslovaquia, Estonia,
Letonia, Lituania, Hungría o la Republica Checa, que admiten
esta práctica libremente -sin supuestos legales- hasta las 12
semanas de gestación. En Italia se permite hasta los 90 días, y
en Rumania hasta las 14 semanas. En Holanda, el plazo es más
amplio. Su ley permite a las mujeres abortar sin acogerse a
ningún supuesto hasta la semana 24.En la mayoría de los países
que se rigen por plazos la ley permite abortos en tiempos
posteriores bajo causas muy específicas, como riesgo para la
mujer o para el feto. En Grecia se admite el supuesto de
violación hasta la semana 19 y el de malformación del feto hasta
la 24. Bélgica, Dinamarca, Francia, Italia o Austria no ponen
límites para las malformaciones. Algunos países como Alemania,
Bélgica o Francia exigen a las mujeres que se sometan un periodo
de reflexión y a consultas de asesoría. El país con la
legislación más parecida a España es Reino Unido. Allí existe
una ley de indicaciones. Es posible abortar hasta la semana 24
por riesgo para la salud de la madre o por problemas económicos
o sociales. No existe límite para malformaciones del feto o
grave riesgo para la madre. A pesar de que Holanda es el país
con la legislación menos restrictiva es uno de los que menos
número de abortos registra. |
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