Uruguay: Sobre la despenalización del aborto
Editorial del Diario "La Republica" del 31.07.07 - Montevideo -
URUGUAY
La diferencia conceptual y porcentual entre la opinión
parlamentaria y la verificada en la opinión pública en torno a un
tema tan capital como la despenalización del aborto, es
sorprendente. Y lo es más cuando conocemos como pensaba la
mayoría de los parlamentarios, de uno y otro sector, que han
repetido su mandato y que han cambiado su posición o han hecho
silencio sobre lo que fue el centro de una larga campaña que se
extendió durante varios gobiernos y el centro de largas luchas y
movilizaciones.
Si entendemos que los legisladores representan a grupos de
opinión, parece que hoy con este cambio de ruta en torno a temas
de importancia capital, se está lesionando el funcionamiento
mismo del sistema democrático parlamentario de gobierno, y la
llamada Cámara de Representantes, por ejemplo, debería pasar a
llamarse de alguna otra manera. Porque representar a lo que
piensa la opinión pública, no lo hace.
El tema es singularmente grave porque al no tomarse resolución
sobre el proyecto en danza que, obviamente cuenta con el peso de
una reiterada afirmación de veto expresada por el presidente,
Tabaré Vázquez, parecería que el Parlamento uruguayo está
rompiendo otro de los mecanismos que hacen real la laicidad del
Estado uruguayo. Y en realidad a esta altura es bueno reflexionar
sobre una afirmación del rector de la Universidad Nacional
Autónoma de México (UNAM), Juan Ramón de la Fuente, quién
pregunta: ¿si un país no es laico puede ser democrático?
También están las imprecaciones del Papa que en Brasil amenazó
con la excomunión a los políticos católicos que favorezcan el
aborto.
Y lo peor es que en el tema se está definiendo a favor de uno de
los sectores más recalcitrantes y reaccionarios de la Iglesia
Católica, sin duda minoritarios, dejando de lado el pensamiento
sobre este problema de otros credos religiosos y sectores no
creyentes, incluso de sectores de la propia Iglesia Católica,
cuya opinión también debería valer, que obviamente tienen
distintas visiones sobre el punto.
Triunfan los que tienen esa actitud de militancia medieval
profundamente hipócrita, coincidente con las muchachas que
anunciaban el cataclismo de la excomunión para quienes apoyaran
tal solución de respeto a la salud reproductiva y que siempre, en
una descomunal propaganda engañosa, llegan a extremos brutales,
con muestras gráficas absolutamente insólitas, como la presentada
en una escuela católica, tratando de sensibilizar a los que solo
trataban de respetar un reclamo que tiende a tener un derecho
inherente al 50 por ciento de la humanidad: las mujeres.
El Papa se refirió en su visita a Brasil al tema del aborto en la
misma línea de los "radicales católicos" uruguayos, y fue allí
donde amenazó con la excomunión a los políticos católicos que
favorezcan la detención del embarazo. Ni hablar de las
afirmaciones del arzobispo de Montevideo, monseñor Nicolás
Cotugno, que no concibe un plebiscito democrático que envuelva
cuestiones de índole moral, porque claro, la moral para él es una
sola y no tiene más que una visión. Concretamente afirmó: "No hay
plebiscito que valga (...) no hay ninguna ley que pueda ir en
contra de la naturaleza humana. Hay realidades que están por
encima de personas, grupos, partidos, culturas", agregó, e hizo
referencia al blog que promovía la junta de firmas de aquellos
que alguna vez hayan ayudado, encubierto o directamente se hayan
practicado un aborto, asegurando que ello "determinaba la
anarquía".
No es nuevo que la Iglesia cuestione la legitimidad de un
parlamento para legislar sobre el divorcio o el aborto, pero
pocas veces se había dado el cuestionamiento a una forma
democrática superlativa como es un plebiscito.
A nadie le agrada el aborto tampoco a la mujer que aborta y
nadie lo defiende ni lo fomenta, sólo se pretende su
despenalización, con la que se puede estar de acuerdo o no, para
que el drama humano que la concepción no deseada se mitigue, las
mujeres de menores ingresos tengan una solución médica adecuada y
no deban recurrir a métodos que hagan peligrar su vida, tal como
muestran las alarmantes estadísticas que surgen del Hospital
Pereira Rossell.
Por supuesto que las mujeres de otros sectores sociales pueden
practicarse abortos a sus anchas, en clínicas privadas con todas
las garantías, sobre las que Cotugno nada dice. *
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