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Nicaragua
Un paso atrás
En Nicaragua, el aborto terapéutico era legal desde 1893, pero el
cambio del
Código Penal para lograr su derogación se convirtió en tema de
campaña en
tiempos de elección presidencial y quedó en el centro de la
escena. ¿El
resultado? La interrupción del embarazo, aun con restricciones, es
ahora
completamente ilegal.
Página 12 - Distribuido por RIMA
Viernes, 03 de Noviembre de 2006
Por Soledad Vallejos
Se puede desandar el camino? Dicho de otro modo: ¿puede la
inminencia de una
elección presidencial borrar de un plumazo lo que lleva más de
cien años de
existencia? En Nicaragua la respuesta es sí, y además viene
acompañada -como
no podía ser de otra manera- de estruendos. "Si han dejado a casi
un millón
de niñas y niños fuera del sistema educativo cada año, si el
presupuesto de
salud no alcanza ni para que las mujeres embarazadas tengan acceso
a mínimos
exámenes, vitaminas o tratamientos, si enmascaran en las
estadísticas los
suicidios por embarazos no planificados, donde mujeres adultas y
adolescentes sufren intoxicaciones por uso de pesticidas, tóxicos,
medicamentos y raíces venenosas, si han mantenido un silencio
cómplice y han
propiciado la impunidad frente a la creciente violencia que se
abate sobre
las mujeres y la niñez, con un promedio de 10 delitos sexuales
diarios, el
95,9% en mujeres y niñas", preguntaba el Movimiento Autónomo de
Mujeres de
la defensa de la vida de quién se trataba el asunto. Pero eso fue
en una
"carta denuncia" previa al día en que finalmente ocurrió lo que
parecía
demasiado absurdo siquiera para ser pensado. Este miércoles la
historia
cambió, y lo que llevaba 103 años de existencia legal se volvió
-por impulso
de la conciencia conservadora y la desesperación de alianzas
electorales- un
botín de guerra que ninguna defensa pudo poner a resguardo.
En Nicaragua, el aborto terapéutico está legalmente contemplado
desde que la
Revolución Liberal de 1893 lo estableció como posible para toda
mujer cuya
vida corriera riesgo por la gestación. Y aunque el gesto revistió
al Estado
de un espíritu laico, estuvo bien lejos de blanquear algún derecho
de las
mujeres a la autodeterminación: para acceder a la intervención,
las mujeres
debían acreditar peligro para su vida, que el embarazo fuera
producto de una
violación o malformaciones en el feto, el permiso firmado de un
varón de su
familia y también el visto bueno de tres médicos. Con este
mecanismo las
estadísticas oficiales registraban un promedio de 36.000 abortos
anuales en
un país con alrededor de cinco millones y medio de habitantes.
Pero lo que
venía siendo un mecanismo aceitado e instalado que el movimiento
de mujeres
intentaba ampliar generando consenso para eliminar las
restricciones terminó
complicándose de manera inesperada. Ya en 1999 el gobierno de
Arnoldo Alemán
había hecho lo posible por promover una modificación al Código
Penal para
penar a quienes "causen daño físico o psicológico a los no
nacidos". La
iniciativa parecía no haber tenido más éxito que reanudar un
debate crónico
y dejarlo languidecer, pero dejaba tras de sí una secuela de algo
que en la
Argentina había hecho punta (a nivel mundial) dos años antes: la
creación,
por decreto presidencial, del día del niño por nacer. (La ola,
está visto,
no termina allí: en 2003 otro decreto presidencial lo estableció
en
Paraguay, en junio de este año sucedió lo mismo en Ecuador, y la
campaña
conservadora tiene por objetivo lograrlo en Brasil, Chile, Cuba,
Uruguay y
España, que tomó el modelo argentino para inspirarse y ejerce su
lobby
mediante el Movimiento por el Derecho a Vivir.)
Desde entonces, la campaña por desandar más de un siglo de aborto
terapéutico prosiguió hasta despuntar, mientras se caldeaba la
campaña
política previa a las elecciones presidenciales. A principios de
agosto, el
candidato del Movimiento de Renovación Sandinista Edmundo Jarquín
se
pronunció a favor de mantener la legislación sin cambios, y
entonces sucedió
la arremetida de los partidos liberales en el congreso. "Soy el
feo que
quiere una Nicaragua linda", el lema que llevaba Jarquín, sufrió
mutaciones
hasta convertirse en bandera propenalización a manos de los demás
partidos:
"El aborto es feo". El 6 de octubre, en vísperas de la celebración
de
Nuestra Señora del Rosario, una manifestación partió de la
Catedral de
Managua para llegar hasta la Asamblea Nacional y entregar un
petitorio en el
que 290 mil firmas pedían eliminar el aborto terapéutico del
Código Penal.
Días después, el movimiento de mujeres realizó una marcha para
pedir que no
se realizara ninguna modificación pero las representantes no
fueron
recibidas.
El sandinista René Núñez, presidente de la Asamblea Nacional, y
Enrique
Bolaños, presidente del país, se proclamaron a favor de eliminar
el artículo
sobre el aborto terapéutico. Daniel Ortega, candidato presidencial
del FSLN,
no se privó de declaraciones impactantes: "El gobierno de
reconciliación y
unidad nacional reconoce los valores cristianos de la sociedad
nicaragüense,
y desde esa fe y ese compromiso con la más pura y noble causa de
la
humanidad, el amor, hace suyo el credo de Jesucristo". Se
comprometió,
además, a "trabajar por el bienestar de Nicaragua y de los
nicaragüenses,
viéndonos todos como hijos de un mismo Dios, y cumpliendo sin
faltar su
máximo mandamiento: amaos los unos a los otros". El FSLN, que en
lo que va
de su historia no se había proclamado jamás sobre el tema, llevó
adelante la
campaña con la penalización como bandera, un gesto que lo
emparentó con la
derecha y culminó, esta semana, con una votación asombrosa:
mayoría en la
Asamblea para la derogación del artículo que legalizaba la
interrupción del
embarazo. Las elecciones presidenciales serán este domingo, pero
el Código
Penal ya ha sido reformado.
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