Otro tema prohibido
Claudia Barrionuevo
La República -
San José, Costa Rica, marzo 2005
Si de los piojos, como dije hace un par de semanas, no se habla,
del aborto
ni hablar. Es decir nunca hemos tenido piojos y jamás nos
manifestaremos a
favor del aborto so pena de ¿muerte? Así ocurrió recientemente en
Argentina.
Ante una propuesta del Ministro de Salud, Ginés González García,
para
despenalizar el aborto y distribuir profilácticos gratis entre los
jóvenes,
el vicario castrense Antonio Baseotto consideró que el funcionario
público
debía ser arrojado al mar con una piedra atada al cuello. ¡Linda
manera de
defender la vida! El presidente Kirchner se quejó ante el Vaticano
de las
declaraciones de Baseotto. Cuando la Santa Sede apoyó al vicario
el
presidente argentino no tuvo más opción que destituirlo.
Conclusión: el
aborto es un crimen para el Vaticano, tirar adultos al mar,
práctica común
durante la dictadura militar argentina, no.
En Costa Rica, hace algunos años, la ex diputada Nury Vargas fue
perseguida
por la opinión pública al intentar poner en discusión ante la
Asamblea
Legislativa la legalización del aborto terapéutico (cuando peligra
la vida
de la madre) o cuando el embarazo es producto de una violación.
La Iglesia católica costarricense además de oponerse al aborto ha
enarbolado
la bandera contra la educación sexual en los colegios. ¿Debemos
recordar a
cuantos de sus prelados cuestionados por prácticas ilegales e
inmorales han
defendido?
El tema del aborto ha estado en el tapete las últimas semanas a
raíz del
polémico calendario del INAMU. La Ministra de la Condición de la
Mujer,
Georgina Vargas Pagán, se lavó las manos culpando a sus
subalternos y
manifestando enfáticamente su oposición al aborto. No vaya a ser
que alguien
crea que apoya semejante barbaridad.
Tener un hijo deseado es uno de los momentos más mágicos en la
vida de una
mujer. Estar embarazada cuando uno no lo quiere es una tragedia
femenina que
al parecer muchos hombres no entienden.
El aborto es un tema de conversación recurrente entre las mujeres.
Hay
quienes están convencidas de que jamás podrían asumir semejante
decisión o
soportar la culpa a posteriori. Tienen razón. Otras piensan que
por su edad
(o muy jóvenes o muy viejas), por su situación emocional,
profesional o
económica, no pueden tener un hijo en ese momento y están
dispuestas a
someterse a un legrado. Tienen razón. Se trata de una decisión
personal,
privada, incuestionable.
En Costa Rica, desde hace años el aborto es una práctica común. En
los años
70 las mujeres de clase media se desplazaban a Limón en busca de
ayuda. En
los 80 las mujeres de mayores recursos viajaban a Miami con la
excusa de ir
de compras. En la actualidad quienes puedan pagar el costo de un
aborto en
una clínica privada y atendidas por profesionales pasan
desapercibidas.
Después, la hipocresía social hará que muchas de esas mujeres no
sólo
nieguen el hecho sino (peor aún) se manifiesten en contra de la
despenalización del aborto. Las mujeres de escasos recursos de
todas las
épocas, ¡saladas! O asumen un embarazo en las peores condiciones
económicas,
de salud y emocionales o caen en manos de cualquier atorrante que
les
practicará un aborto en las peores condiciones de higiene y
atención médica.
Muchos podrán argumentar que hay más de un ítem ilegal que se
practica en
nuestro país y no por eso hay que despenalizarlo. Estamos de
acuerdo: no
podemos aceptar que se permita legalmente ninguna acción que vaya
en contra
de nuestra libertad, nuestra vida o nuestra salud mental y física.
La
prohibición del aborto va en contra de nuestra libertad y puede
en algunos
casos- ir en contra de nuestra vida y nuestra salud mental y
física.
claudia@chirripo.or.cr |